Continuando la documentación de la realidad social de la infancia y sus familias en Paraguay, viajé a Mbutuy, al este del país, zona boscosa, semi-selvática, donde me hospedé con una familia de campesinos que trabajaban en la tala de árboles.

 

La persona que me llevó tenía la misión de visitar las familias cercanas para organizar el movimiento campesino. Conviví con ellos algunos días y fue una experiencia singular. Sus viviendas eran de tablas, cocinaban con leña, no había vecinos cercanos, madrugaban mucho, desayunaban mandioca (especie de patata) con huevos y tereré (mate frío) y yo con ellos. Los hombres salían al monte a talar árboles, que luego cargarían en enormes camiones, y también cortaban leña para consumo propio. Las mujeres trabajaban en agricultura y en tareas de la casa. Al terminar la jornada comíamos y salíamos a visitar familias vecinas y campesinas.

 

Dormíamos sobre unas tablas elevadas del suelo cubiertas por una especie de nicho de tela, así que di por supuesto que el tema de las alimañas e insectos era para tener en cuenta.
 

CAMPESINOS & INDÍGENAS

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Me llamó la atención que antes de salir a trabajar al monte se empapaban los pies con keroseno y luego con agujas se escarbaban las uñas. Me explicaron que en las zonas blandas del pie se les metían unos “bichitos” (parásitos) que si no los sacaban hacían cavernas por dentro. Cabe destacar que trabajaban en la selva descalzos o con chanclas. A la mañana siguiente descubrí que, aún sin haberme sacado las medias ni las botas, yo también tenía esos bichos en mis pies.

 

Un día me invitaron a acompañarlos a una comunidad indígena que estaba a unas tres horas de camino por la selva, tenían que hablar con su autoridad. Este viaje fue especial, tuve una sensación muy particular al caminar en caravana de hombres, algunos armados, y que por momentos se detenían en la selva y hacían silencio. Les pregunté por qué hacían eso y la respuesta fue que había que estar atentos por si algún animal nos atacaba. El resto del camino fue muy diferente para mí.

 

Llegamos a la comunidad indígena y ellos se reunieron con el cacique, que tenía 11 hijos. Yo me dediqué a recorrer el lugar seguido de todos los niños de la aldea incluidos los del cacique.

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